Kioto en bicicleta

Día 6 Kioto centro

Hoy era más distancia y ayer vimos una tienda de alquiler de bicicletas, así que decidimos que estábamos cansados del dolor de pies y que preferíamos que nos doliera el culo, al menos una vez cada 3 días 😀
No llovió, agua al menos, pero como hacía bastante aire caían muchos pétalos de Sakura, la flor del cerezo japonés, así que podemos ver lugares con todo el suelo lleno de pétalos rositas. Y una cosa que nos alucinó bastante, es que según pasaban los días, los pétalos no ensuciaban las aceras, como pasa con otras flores, que al pisarlas dejan mancha y demás, no. Se desintegran, cada vez son mas transparentes hasta que desaparecen, hasta en eso son bonitos.
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Con un pétalo de Sakura
Y pudimos grabar otra caída a parte de la de los pétalos, si, me caí con la bicicleta por intentar imitar a los japoneses que tienen un nivel muy PRO de conductores de bici, paraguas en mano, van por la acera y nunca frenan ni atropellan a nadie y en la otra mano ¡pueden llevar el móvil!. La caída no fue nada grave. Solo el orgullo:

 

Nos dirigimos a ver Ginkaku-ji

Donde hicimos muchas compras, entre ellos unos Geta para mi compañero, el calzado tradicional de madera para vestir con el kimono o yukata. Estaba hasta arriba de gente y de muchísimas chicas con kimono, muy mágico todo.

También nos hicimos con unas cortinas de tela, de las típicas que se ponen en las puertas de algunos locales. Son azules con flores de Sakura en blanco y azul claro.
Dentro del templo había un jardín zen, de los de los dibujos en la arena, son de esos paisajes que siempre ves en los documentales y cuando los ves en persona no te esperas sentirte así, el sitio tenía unos jardines geniales.
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Este templo tiene también por la parte de atrás una zona muy especial, con más jardines típicos de esta cultura tan maravillosa. Entre ellos un pequeño bosque de bambú.
Tras ver este templo y alucinar con la organización de todo en esos jardines, que está pensado en organización hasta las piedras, cogemos la bici de nuevo. En modo turista. Imposible llegar al nivel de los locales.
Aquí hay “carril bici” en algunas aceras y en los pasos de cebra. Muchísima gente va en bici, no es raro ver a un chico de traje o a una chica con taconazos montando en bicicleta. Siempre, o casi, circulan por la acera y pasan entre mogollón de gente sin tocar el timbre siquiera… Debéis pensar que estoy loca con el tema de las bicis y como conducen, pero de verdad que no os hacéis una idea del manejo, es algo que me alucina mucho.
Por el camino decidimos almorzar un buñuelo relleno de crema de Sakura:
Su sabor es parecido al de la fresa

Que sabe como a cereza, pero mas suave, y el bollo que creo que leí algo de arroz era algo seco. Nada memorable, pero por probar que no quede.

¡Siguiente destino Kiyomizu-dera!

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He guardado las entradas, porque son muy bonitas todas. No es que también coleccione cosas de estas… pero me daba pena tirar algo tan cuidado.

Llegamos al Kiyomizu-dera y podemos alucinar con las vistas que hay desde este templo en un cortado.
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Impone bastante verlo así
Donde probamos a levantar unos bastones de monje pero de hierro macizo. No pude ni con el pequeño, muy triste. Ya ni lo intenté con las Geta de hierro.
Fuimos a comer algo y me encontré con un postre maravilloso y unos dulces muy monos:
El sabor de las fresas en Japón es espectacular

El primero era bizcocho, con fresas por dentro, nata y una fresita, era pequeño y muy rico. Los dulces que son pastel de arroz, saben muy muy suaves, digamos que se parece al algodón de azúcar, pero la proporción del dulce es de un 3%. Si los comes tras el pastel, no saben a nada. ¡¡Pero para la merienda entraron mejor!!

En definitiva, día de templos, bici, dulces y dolor de… Las bicis están bien, pero ¡son de paseo con asientos duros! Así que si pretendes ser como nosotros y recorrerte el 25% de Kioto con ellas, piénsalo para algo mucho más ligero, tu trasero te lo agradecerá.
Las devolvimos a las 7 y nos fuimos a coger temperatura con un chocolate caliente. Porque aquí el café es horrible. Es como agua con un cuarto de cucharadita de café soluble. Muy malo de verdad.
¡Así calentaban las bebidas! Original sin duda…
Y luego tras una merecida ducha nos fuimos a cenar:

Cenamos en un restaurante muy pequeñito al lado del Ryokan dónde nos alojábamos, tocó algo más típico. Makis y “una cosa” de patata rellena de atún, cebolla y ternera, gratinada con queso al horno. Rollito de tortilla y un poco de carne.
Muy rico todo, ¡¡si señor!!

Lo bueno es que como estaba muy cerca, no tardamos nada en volver al Ryokan para descansar lo que quedaba de tarde y dormir la noche.

Para que no os perdáis en el orden de las entradas del viaje os estoy dejando estas migas de pan para que lleguéis siempre en orden a la siguiente entrada. Os dejo aquí el enlace al día 7.
¡Hasta mañana!

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